miércoles 24 de diciembre de 2008

Feliz año nuevo.


…Una columna de humo de ese tamaño no podía pasar desapercibida, y menos en un lugar en el que no pasaba casi nunca nada, donde las eses se redirigían, donde la regla imperante era la estandarización de las buenas maneras, la centralización de los pensamientos simulados y la imposición de las normas comunes solo por eso, por comunes.

Fin de temporada para los pensamientos ajenos.

Mientras el nerviosismo, las luces, las sirenas, las carreras y los gritos reclamaban atenciones, Tristán Nonato seguía sentado a veinte metros de la que fue su casa, con los ojos clavados en la bola de fuego que el mismo generó.

Fue tan difícil como una cerilla, seis puntos clave, 200 toneladas de convicción y 20kilos de culpa.
Habría que estar en forma para sujetarlos.

Puso a Salvo sus dos mejores obras de arte y una guitarra acústica crecida en egos y conflictos, simplemente le hacía el camino más claro y aprendieron a no exigirse demasiado.

El arder de su casa parecía durar casi dos años y el seguía sin poder apartar los ojos del espectáculo de prisas, fuego y nerviosismo generado, le costaba entender por que tanto miedo, de alguna forma siempre le costó entender las normas de su pueblo y por que incluso llegaron a proponerle para alcalde del peor lugar donde el descubriera vivir.

No odiaba las normas simplemente no eran las suyas, no odiaba a las personas simplemente volaron con el compás tarado en distintos grados, sabía que no existían culpas ni culpables, pero tenía que arder.
Era cuestión de supervivencia.

Tristán tenía la canditad necesaria de suicida que nos impone el código genético al 90% de los evolucionados de ese mono, ni mucho más ni menos menos, tardó 7 años en construirla y ahora llevaba 2 ardiendo, claramente no era tan fácil quemar esa cabaña pero tenía claro que esa enorme mole le había costado mucho más que materia y energía y al final solo conseguía tapar el precioso paisaje que durante siglos se formó al otro lado.

Así que Tristán quemó su casa.
Sabiendo que quemaba todas las bases inculcadas, todas las lecciones disueltas en biberones, todas las leyes de la felicidad basada en conformismos auto convincentes.

Lo peor en estos casos es que la muy puta de la experiencia (algunos le llaman razón) se obsesiona en mostrarnos 200 ejemplos donde el cachorro de cervatillo es devorado por varios tipos de depredadores cuando decide adentrarse en un mundo distinto al suyo.

Lo peor de estos casos es que Tristán comprendía estos casos.

Pero Tristán Nonato a pesar del calor y el ruido tenía dos cosas claras.

En los claros que aparecían entre esa columna de humo conseguía distinguir ese paisaje que buscó y no solo no le resultaba decepcionante, si no que además le reservaba asiento de primera fila en un mirador de belleza que se permitió incluir por sorpresa el espectáculo de prados de Violetas salvajes y preciosas.

La otra cosa clara era que al final de todo…
He incluso con el traje planchado…
Tristán nunca fue un puto cachorro de Cervatillo.

Lo entiendo todo, os comprendo a todos, pero siempre haré lo que tengo que hacer.